La moda atraviesa una revaluación profunda. Lo que antes era un sector secundario, la ropa de segunda mano, se ha convertido en uno de los motores de crecimiento más potentes de la década. La vieja imagen asociada a los mercadillos y el estigma social ha dado paso a un ecosistema de plataformas digitales, respaldo de celebridades y un cambio en los valores culturales. Comprar prendas "pre-amadas" ya no es una alternativa de segunda; es un símbolo de creatividad, sostenibilidad y consumo inteligente.
Aunque las cifras son impresionantes, el verdadero motor es el cambio cultural. Una generación que creció bajo el dominio del fast fashion ha girado su interés hacia ciclos más lentos, donde las prendas mantienen su valor más allá de una temporada. La demanda real nace del consumidor: la búsqueda de precios asequibles en tiempos inciertos, la necesidad de autenticidad frente a la producción en masa y la responsabilidad ética en un mundo con límites climáticos.
El cambio en el comportamiento del consumidor
El mercado ha pasado de ser un nicho periférico a uno de los segmentos con mayor expansión global. Ya no hablamos solo de contenedores de donación, sino de una fuerza económica impulsada por la innovación digital. Este cambio es palpable en los hábitos actuales: en gran parte de Europa y Norteamérica, un porcentaje significativo de la población afirma haber comprado artículos de segunda mano en el último año.
Porcentaje de consumidores que compraron artículos de segunda mano (Junio 2025)
Antes de analizar las cifras, conviene aclarar que no todas las fuentes definen "reventa" o "segunda mano" de la misma manera. Algunas solo contabilizan la ropa, mientras que otras incluyen accesorios y calzado. Además, las metodologías varían entre medir el volumen bruto de mercancía o el valor de reposición minorista. Por ello, aunque las estimaciones difieren, la tendencia es incuestionable: un crecimiento de doble dígito en todas las categorías y regiones.
A escala global, el volumen es impactante. Las proyecciones de ThredUp sugieren que el mercado de ropa de segunda mano podría alcanzar los 367.000 millones de dólares para 2029, creciendo casi tres veces más rápido que la industria textil convencional. En EE. UU., el principal mercado nacional, se espera que la reventa llegue a los 74.000 millones de dólares ese mismo año, tras registrar un sólido crecimiento del 14% en 2024, la tasa más alta desde la recuperación pospandemia. En Europa, plataformas como Vinted y Depop se expanden a gran velocidad, impulsadas por normativas que favorecen cada vez más la reutilización y el reciclaje.
El nuevo papel del lujo y el entorno digital
Esta trayectoria es aún más sorprendente si se analiza con perspectiva histórica. El sector de la reventa de lujo, que antes se veía como una amenaza para la exclusividad, hoy es una pieza estructural del ecosistema del lujo global. Según UniformMarket, este segmento alcanzará los 66.000 millones de dólares en 2030, lo que demuestra tanto su resiliencia como su capacidad para transformar el acceso de los consumidores a productos de alta gama.
Estimaciones conservadoras apuntan a que, para 2030, el mercado general de moda de segunda mano se situará entre los 250.000 y 400.000 millones de dólares (dependiendo de si se incluyen accesorios), a los que el comercio de lujo aportará entre 50.000 y 70.000 millones adicionales.
Este crecimiento también refleja un cambio estructural en los canales de venta. Durante décadas, la segunda mano fue un terreno dominado por tiendas físicas y establecimientos de caridad. Hoy, la balanza se inclina claramente hacia lo digital. En 2024, el 58% de los compradores de ropa de segunda mano lo hicieron online. Plataformas como eBay, Vinted o The RealReal han democratizado el acceso a la moda "pre-amada", permitiendo explorar millones de prendas con la misma facilidad con la que se compra ropa nueva. No es de extrañar que en EE. UU. la reventa online creciera un 23% en 2024, superando con creces el ritmo de las tiendas físicas.
Un nuevo modelo de valor
El resultado es un sector que no solo supera al comercio tradicional, sino que redefine cómo se crea valor en la moda. Mientras los canales de gran consumo absorben el excedente del fast fashion prolongando su vida útil, las plataformas de lujo convierten las prendas usadas en objetos de deseo respaldados por la autentificación y la confianza. Juntos, estos factores posicionan a la segunda mano como la gran historia de éxito de los años 2020.