La moda de segunda mano se ha consolidado como una fuerza global imparable. Este fenómeno viene impulsado por la transformación de los valores del consumidor, el éxito de las plataformas digitales y una apuesta cada vez mayor por la economía circular en la industria.
La moda está viviendo una transformación profunda. Lo que antes se veía como algo secundario, la ropa de segunda mano, ha pasado a ser uno de los fenómenos de crecimiento más importantes de la década. Atrás quedó la asociación con las tiendas benéficas y el estigma social; ahora, este mercado está ligado a plataformas digitales, al respaldo de celebridades y a un cambio en los ideales culturales. Elegir prendas usadas ya no es una solución de compromiso, sino una marca de creatividad, sostenibilidad y consumo inteligente.
Las cifras explican parte de la situación, pero el cambio real es cultural. Una generación que creció con la fast fashion ha puesto ahora la mirada en ciclos más pausados, donde las prendas mantienen su valor más allá de una temporada y el estilo se expresa a través de la individualidad y no del volumen. Las plataformas, los influencers y las nuevas normativas están acelerando este impulso, pero la demanda nace de los propios consumidores: de su deseo de ahorrar en tiempos de incertidumbre, de buscar autenticidad en la era de la producción en masa y de actuar con responsabilidad en un mundo con recursos limitados.
La moda de segunda mano está rediseñando la manera en que se fabrican, se venden y se valoran las prendas. Su auge no consiste solo en alargar la vida de la ropa, sino en redefinir lo que significa que la moda sea moderna, aspiracional y sostenible.